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miércoles, 26 de octubre de 2016

Pueblo: Ocloya



Como uno de los tantos pueblos que ocuparon porciones de la región de valles y quebradas del
noroeste argentino, los ocloya fueron antiguamente un pueblo dedicado al cultivo, al pastoreo,
a la caza y la recolección. Participaban activamente en los intercambios regionales que han
caracterizado el estilo de vida sudandino desde tiempos precoloniales, una práctica que,
adaptada a las cambiantes condiciones tecnológicas y políticas, continúa hasta el presente. Es
probable que el uso de la lengua quechua, practicada aún por las personas de más edad, haya
resultado como consecuencia de la dominación inca. La llegada de los españoles implicó la
imposición del uso del idioma castellano, del culto católico y de nuevas formas de organización
del trabajo combinadas con el despojo territorial y con la organización de la propiedad privada
sobre los antiguos territorios comunitarios indígenas.

El largo proceso de desarticulación de las organizaciones locales se profundizó con la
organización del Estado nacional, que proponía la universalización de la categoría de
ciudadano argentino (disolviendo las identidades preexistentes) a la vez que daba lugar a
formas de explotación de las poblaciones rurales totalmente opuestas a los proclamados
principios republicanos. La imposición de cargas (impuestos de arriendo o pasturaje) que
debían pagarse con dinero en efectivo empujó a estas poblaciones a las formas más crueles del
trabajo a destajo, desarticulando a los grupos familiares y condenándolos a la penuria.

Pueblo: Mbya Guaraní


Los pueblos Guaraníes, que los Mbya integran, tuvieron una amplia dispersión geográfica por
el subcontinente americano, especialmente en las regiones boscosas, cálidas o templadas,
bañadas por abundantes cursos de agua. Fueron alcanzados tempranamente por los frentes de
ocupación colonial portugueses y españoles. Sufrieron desde la primera mitad del siglo XVI la
“saca” de mujeres, llevadas para el cultivo o el servicio en las zonas controladas por la
colonización, el traslado forzoso y la esclavitud cuando fueron asolados por las expediciones
bandeirantes paulistas y la reducción misional. Esta resultó un refugio temporario contra las
formas de explotación instaladas por los anteriores, pero a condición de la renuncia a sus
creencias religiosas y a sus modalidades de organización social y política.

La inaccesibilidad de las regiones boscosas proveyó el refugio para muchas familias al menos
hasta la segunda mitad del siglo XIX. A partir de entonces, las recién creadas naciones
sudamericanas alentaron la explotación de estas zonas, ricas en maderas y yerba mate
silvestre, con la instalación de obrajes, el trazado de vías de comunicación entre poblaciones y
la creación de colonias agrícolas. Estos procesos fueron alcanzando progresivamente a los
Mbya, un pueblo transfronterizo que se distribuye en la franja litoral del Brasil y cuyos
territorios tradicionales forman una gruesa franja continua que también abarca la Provincia de
Misiones y el oriente del Paraguay.

Pueblo: Pilagá



Los pilagá constituyen un pueblo transfronterizo que ocupó los esteros del río Pilcomayo antes
de que constituyera el límite entre Paraguay y Argentina. Lingüística y culturalmente cercanos
a los mocovíes y a los qom (con los que comparten una lengua muy similar), aparecen
mencionados en mapas y documentos a principios del siglo XVIII. Como los anteriores, fueron
alcanzados por las políticas de pacificación por las armas y de evangelización, pero su
instalación definitiva en las localizaciones actuales se produjo al intensificarse la instalación de
núcleos de población regional, promediando el siglo XX, para la explotación forestal o la
ganadería extensiva.

La ocupación de los espacios pilagá obstaculizó sus actividades tradicionales por la destrucción
del medioambiente y la paulatina desaparición de las especies que constituían su alimento y
fuente de recursos en general. La dependencia progresiva del mercado de bienes
industrializados los obligó a incorporarse al mercado de trabajo que atraía numerosos
contingentes de trabajadores indígenas hacia los ingenios de Salta y Tucumán y, en menor
número, hacia otras actividades temporarias, tal como el tendido de las vías férreas entre
Formosa y Las Lomitas (de 1908 a 1915) y entre Las Lomitas y Embarcación, en la provincia de
Salta, entre 1928 y 1930.

Pueblo: Qom


La palabra “toba” que se ha aplicado al pueblo qom proviene de la terminología con que los
designaban los guaraníes, y posteriormente los españoles, quienes los denominaban también
“frentones”. Por su lengua y organización social, son mucho más parecidos a los mocovíes y a
los pilagá que a otros pueblos de la región chaqueña.

Fueron el principal objetivo de las campañas militares del siglo XIX y comienzos del XX,
tendientes a su pacificación y asentamiento en colonias y reservas. El final de estas campañas
militares marcó el inicio de su integración a la economía y a la vida regional, así como la
limitación del espacio que dominaban antiguamente. Fueron concentrados en reducciones y
misiones, controladas por el estado nacional y por la iglesia católica, y desde entonces
formaron parte de los contingentes de trabajadores que se enviaban periódicamente a los
ingenios azucareros de Salta y de Jujuy, así como al Ingenio Las Palmas, en la provincia del
Chaco. También fueron reclutados para los duros trabajos de desmonte de la empresa La
Forestal y de trazado del ferrocarril.

Pueblo: Guaraní




Se ha llamado genéricamente “chiriguanos” a los pueblos de habla guaraní que han ocupado
desde antiguamente (probablemente el siglo XVI y aún antes) la gran región de las laderas
boscosas orientales de la cordillera de los Andes, un territorio que hoy cae bajo la jurisdicción
de las repúblicas de Bolivia y Argentina. Hoy, se tiende a pensar que los habitantes de habla
guaraní constituían pueblos diferentes que compartían una misma lengua, aunque con
particularidades regionales. También se supone que muchos de ellos no eran de origen
guaraní, sino chané: un pueblo distinto que mantuvo, históricamente, estrecho contacto con
los guaraníes.

Desde tiempos recientes, estos pueblos se distinguen a sí mismos designándose como ava,
isoceños y simba. En Argentina, residen en las provincias de Salta y Jujuy –en zonas rurales o
urbanas– conformando grandes comunidades multiétnicas. Y mantienen contactos muy
dinámicos con sus pares en territorio boliviano, particularmente en las situaciones
organizativas y políticas contemporáneas.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Pueblo: Chané


Tal como los conocemos actualmente, los chané representan al conjunto de grandes
grupos familiares que, desde su origen, hablaban una lengua a la que se ha clasificado
como arawak –muy probablemente de origen amazónico–. Algunas de sus características
culturales que constituyen aspectos centrales de su identidad colectiva actual son
compartidas por muchos otros pueblos de las regiones boscosas y regadas por los mayores
ríos de América del Sur. En la terminología arqueológica y etnológica, esa gran región es
denominada “tierras bajas sudamericanas”.

Dos de esas características han sido destacadas por los chané que actualmente habitan en las
zonas boscosas y bañadas por abundantes cursos de agua de la provincia de Salta: el sueño
como estado del alma, en el que los chané se comunican con los espíritus poderosos del
mundo, realizan sus aprendizajes de lo sagrado, adquieren la sabiduría necesaria para curar,
reciben mensajes anticipatorios o advertencias por su mal comportamiento. El sueño, en fin,
no es mera ilusión, sino una situación de aprendizaje gracias al cual las personas pueden
volverse más sabias y poderosas.

Pueblo: Chorote


Este pueblo comenzó su contacto sistemático con la población no indígena apenas comenzado
el siglo XX; hasta entonces habían mantenido una relativa independencia en virtud de habitar
la región árida chaqueña, un territorio poco interesante para los primeros intentos de
colonización. Sin embargo, lo que para la población blanca parecía un ambiente hostil,
brindaba –a los chorote y a otros pueblos cazadores, recolectores y pescadores como ellos–
múltiples recursos de diverso tipo y motivo para el desarrollo de una concepción compleja
acerca de la condición humana, su relación con los elementos de la naturaleza y con lo
sobrenatural. Debe aclararse que esta distinción que acabamos de hacer (la humanidad, la
naturaleza, lo sobrenatural) no es significativa para la cultura chorote, en la cual estos tres
ámbitos están constantemente en relación, se interpenetran y actúan recíprocamente entre sí.
Y, como en muchas otras culturas, el saber progresivo sobre estos ámbitos y la posibilidad de
trasladarse entre ellos es fuente de poder para los más sabios, que son, frecuentemente, los
más ancianos. El poder se traduce, en parte, en la posibilidad de curar o de hacer daño y en la
capacidad para la profecía, propia de los aiewuj.